
La falta de convicción en Baudelaire es lo que configura las determinadas apariencias que representan al héroe: Flaneur, Apache, Trapero, Dandy. Esto porque el “heros” moderno no es un héroe, sino que representa héroes. “La heroicidad moderna se acredita como un drama el que el papel de héroe está disponible” (Benjamín, 116). Según Benjamín, “detrás de las máscaras que usaba, el poeta que fue Baudelaire guardaba el incógnito (…) el incógnito es la ley de su poesía”. El “flaneur” es un segregado, un desterrado que configura la imagen dudosa[1] del héroe ante la modernidad; es un vagabundo que a través de su callejeo y observación permite el conocimiento de esos hombres que en el mercado le muestran indiferencia. El “apache” representa los caracteres del individuo en su indiferencia y soledad. “El apache abjura de las virtudes y de las leyes. Rescinde de una vez por todas, el contrato social. Y así se cree separado del burgués por todo un mundo” (Benjamín, 97). Se encuentra en los arrabales de la gran ciudad y desde allí recoge la basura de la sociedad y en ésta su reproche heroico. En Baudelaire el “apache” se relaciona con los rasgos del “trapero”. El trapero le concierne la escoria tanto como al poeta. Recoge “las basuras del pasado día en la gran capital. Todo lo que la gran ciudad arrojó, todo lo que perdió, todo lo que ha despreciado, todo lo que ha pisoteado, él lo registra y recoge” (Benjamín, 97). Ante esto Benjamín se pregunta acerca de la poesía de los “apaches”: “¿Los héroes de la gran ciudad son inmundicia? ¿O no es más bien héroe el poeta que edifica su obra con esa materia? La teoría de lo moderno concede ambas cosas” (Benjamín, 1980). Lo moderno viene a completar la catástrofe del héroe, a pesar de que éste no está previsto de ello. “Le amarra seguro y para siempre en el puerto; le entrega a un eterno no hacer nada. En esta última encarnación se presenta el héroe como dandy” (Benjamín, 115). El “dandysmo” es para Baudelaire el último resplandor del heroísmo en la época de las decadencias” (Benjamín, 115). La figura del “dandy” londinense se reflejaba fisonómicamente en Baudelaire. “El rostro de un hombre elegante tiene que tener siempre algo de convulsivo y desencajado. Tales muecas podemos adjudicárselas, si nos parece bien, a un satanismo natural” (Benjamín, 116).
[1] Esta imagen “dudosa” explicaría al héroe moderno, no como héroe tradicional ni como un antihéroe, más bien, es un héroe que utiliza muchas máscaras sociales.
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