
Por momentos quiso dominar la técnica del vuelo, pero sus esfuerzos se vieron impedidos por la ausencia de panorámicas altas en su mente; por lo común, solía enredarse en cables de luz y en ondas magnéticas, así que optó por recurrir a sus antiguas habilidades para cumplir su tarea. En esa búsqueda interminable de aquellas ideas de historietas, comprendió la inevitable soledad a la que estaba condenado a vivir debido a su capacidad imaginativa. La tarea a la que se había entregado resultaba difícil sin esas habilidades requeridas, por eso cada vez que despertaba de esa facultad soñadora, la inmensidad de la realidad acababa por destruir sus esperanzas de salvación y libertad. Tal vez si cambiara su triste personalidad, podría cuidar a lo más débiles.
Despertó sin recordar un solo aspecto de este último sueño. Con un calor sofocante sobre las paredes de su habitación, las imágenes se desvanecieron en cuanto abrió los ojos y miró el techo. No pudo escribir ni siquiera dibujar el episodio de esa mañana; esta vez no pudo recordarlo. En otras ocasiones había conseguido revelar el enigma de unas sombras que lo amedrentaban como villanos tras unos árboles resecos; así buscaba su significado en la realidad. Se sintió desvalido y sin aire; era necesario encontrar respuestas.
Días antes, las sombras habían conseguido alterar sus habilidades; se sentía débil y lleno de cólera. Lo habían sucumbido en reiterados momentos de acción, perdiendo totalmente el control de éstos, e involucrando a inocentes. Bloquearon su capacidad visionaria y golpearon sus puntos débiles. Cuando despertó de ese sueño, corrió de inmediato a la habitación de su madre para sentirse resguardado; no quiso recordar las sombras que más tarde destruirían su tranquilidad. Esta pesadilla parecía estar consumiéndolo lentamente, y ya le era casi imposible continuar con la tarea de cuidar a su madre de las artimañas y los ataques. No supo en qué momento se convirtió en su guardián, pero desde ese momento su existencia tendría un propósito y un ideal.
Una noche, el guardián contuvo el ataque feroz de los villanos que buscaban apoderarse de sus miedos. A salvo e ileso, intentó detenerlos, pero una vez más se escabulleron tras lo árboles resecos, para planear una nueva conspiración contra su enemigo. Sentado sobre el techo, contempló su inmensa soledad; estaba en boca de todos, pero nadie comprendía los motivos de esta interminable lucha a la que se había entregado. Lo hacía porque buscaba un lugar en el mundo; si poseía estas habilidades, debía usarlas de algún modo. Tan sólo quería encontrar respuestas. Cuando abrió los ojos, pensó que jamás se quitaría de encima la condición a la cual estaba confinado. Desde el techo no pudo ver nada más que oscuridad, así lo asoció a la realidad como la pérdida de sus emociones. Solía subirse a las alturas, ya sea de una pandereta o al techo de su casa para contemplar a todos esos seres que merodeaban allá abajo. Lo habían tomado como un loco, y era el argumento predilecto de sus enemigos para atacar la pacificidad de su madre. Por eso fue preciso resguardar su solitaria presencia; al bajar de las alturas, se dirigía a la pieza de su madre, donde pasaba horas consolándola; luego salía de la casa, para romper los vidrios de las ventanas de sus enemigos.
Cuando aparecieron sus habilidades, creyó que moriría en un callejón sin salida. Sus piernas comenzaban a pesarle más de lo habitual, mientras el número de sus captores aumentaba. Las sombras con enormes navajas, ya empezaban a pisarle los talones, cuando sus pulmones se ahogaban con la desesperación. En ese instante sus habilidades aparecieron para salvarlo de un seguro ataque; cerró los ojos y emergió en otra dimensión de la mente. Los villanos habían huido, mientras la luz del sol se ocultaba tras los edificios. Así iniciaba la batalla contra sus miedos; era necesario dominar las habilidades imaginativas, controlar las imágenes y sus correspondencias. Necesitaba respuestas.
Su madre cayó al suelo, mientras sus gritos se expandían por el aire; no había mucho que hacer. Su mirada se quedó congelada en algún episodio de sus días de niñez, mientras los villanos se reían y se ocultaban tras los árboles. Desde ese día, el encierro terminó por sepultar sus esperanzas de encontrar la salida. Confinado en su pieza pretendió desarrollar una manera de olvidar aquellos sucesos que lo amarraban a esa triste realidad. Quiso evitar ese momento con un golpe certero, para destruir todas las palabras y miradas que derrumbaban la felicidad de su madre. Por eso no hubo más que revelarse ante las sombras que se convertían en enemigos; el guardián tuvo sueños para escaparse a toda costa.
Esos enemigos comenzaron a buscarlo desde temprano; interrumpieron su sueño con una enorme piedra que rompió sus ventanales. Pretendieron seguirlo, pero él se quedó en el mismo lugar el día entero. En sus sueños los villanos habían conseguido acribillarlo sobre el techo de su casa, no había escape alguno. A la mañana siguiente decidió salir en busca de respuestas, las halló en un callejón sin salida, y esta vez no pudo teletransportarse a ningún lugar. Ensangrentado, comprendió que su única habilidad consistía en imaginar este tipo de cosas que a nadie salvaban; no pudo con tanta realidad y perdió los sueños. Su madre empeoraba, y la soledad los amedrentaba cada vez más. Al mediodía, se quedó dormido sobre su realidad en letargo. Recuperó la imaginación; por momentos quiso dominar la técnica del vuelo como último recurso de existencia, pero sus esfuerzos se vieron impedidos por la pérdida de las emociones y la ausencia de panorámicas altas. No pudo imaginar nada más, y despertó en las horas siguientes. Quiso recordar ese último instante sobre el techo, mientras levitaba lentamente y sentía una extraña libertad. Tal vez era necesario afrontar la realidad de una sola vez; así podría olvidarse de estos estúpidos sueños y ser un verdadero héroe de historietas
Despertó sin recordar un solo aspecto de este último sueño. Con un calor sofocante sobre las paredes de su habitación, las imágenes se desvanecieron en cuanto abrió los ojos y miró el techo. No pudo escribir ni siquiera dibujar el episodio de esa mañana; esta vez no pudo recordarlo. En otras ocasiones había conseguido revelar el enigma de unas sombras que lo amedrentaban como villanos tras unos árboles resecos; así buscaba su significado en la realidad. Se sintió desvalido y sin aire; era necesario encontrar respuestas.
Días antes, las sombras habían conseguido alterar sus habilidades; se sentía débil y lleno de cólera. Lo habían sucumbido en reiterados momentos de acción, perdiendo totalmente el control de éstos, e involucrando a inocentes. Bloquearon su capacidad visionaria y golpearon sus puntos débiles. Cuando despertó de ese sueño, corrió de inmediato a la habitación de su madre para sentirse resguardado; no quiso recordar las sombras que más tarde destruirían su tranquilidad. Esta pesadilla parecía estar consumiéndolo lentamente, y ya le era casi imposible continuar con la tarea de cuidar a su madre de las artimañas y los ataques. No supo en qué momento se convirtió en su guardián, pero desde ese momento su existencia tendría un propósito y un ideal.
Una noche, el guardián contuvo el ataque feroz de los villanos que buscaban apoderarse de sus miedos. A salvo e ileso, intentó detenerlos, pero una vez más se escabulleron tras lo árboles resecos, para planear una nueva conspiración contra su enemigo. Sentado sobre el techo, contempló su inmensa soledad; estaba en boca de todos, pero nadie comprendía los motivos de esta interminable lucha a la que se había entregado. Lo hacía porque buscaba un lugar en el mundo; si poseía estas habilidades, debía usarlas de algún modo. Tan sólo quería encontrar respuestas. Cuando abrió los ojos, pensó que jamás se quitaría de encima la condición a la cual estaba confinado. Desde el techo no pudo ver nada más que oscuridad, así lo asoció a la realidad como la pérdida de sus emociones. Solía subirse a las alturas, ya sea de una pandereta o al techo de su casa para contemplar a todos esos seres que merodeaban allá abajo. Lo habían tomado como un loco, y era el argumento predilecto de sus enemigos para atacar la pacificidad de su madre. Por eso fue preciso resguardar su solitaria presencia; al bajar de las alturas, se dirigía a la pieza de su madre, donde pasaba horas consolándola; luego salía de la casa, para romper los vidrios de las ventanas de sus enemigos.
Cuando aparecieron sus habilidades, creyó que moriría en un callejón sin salida. Sus piernas comenzaban a pesarle más de lo habitual, mientras el número de sus captores aumentaba. Las sombras con enormes navajas, ya empezaban a pisarle los talones, cuando sus pulmones se ahogaban con la desesperación. En ese instante sus habilidades aparecieron para salvarlo de un seguro ataque; cerró los ojos y emergió en otra dimensión de la mente. Los villanos habían huido, mientras la luz del sol se ocultaba tras los edificios. Así iniciaba la batalla contra sus miedos; era necesario dominar las habilidades imaginativas, controlar las imágenes y sus correspondencias. Necesitaba respuestas.
Su madre cayó al suelo, mientras sus gritos se expandían por el aire; no había mucho que hacer. Su mirada se quedó congelada en algún episodio de sus días de niñez, mientras los villanos se reían y se ocultaban tras los árboles. Desde ese día, el encierro terminó por sepultar sus esperanzas de encontrar la salida. Confinado en su pieza pretendió desarrollar una manera de olvidar aquellos sucesos que lo amarraban a esa triste realidad. Quiso evitar ese momento con un golpe certero, para destruir todas las palabras y miradas que derrumbaban la felicidad de su madre. Por eso no hubo más que revelarse ante las sombras que se convertían en enemigos; el guardián tuvo sueños para escaparse a toda costa.
Esos enemigos comenzaron a buscarlo desde temprano; interrumpieron su sueño con una enorme piedra que rompió sus ventanales. Pretendieron seguirlo, pero él se quedó en el mismo lugar el día entero. En sus sueños los villanos habían conseguido acribillarlo sobre el techo de su casa, no había escape alguno. A la mañana siguiente decidió salir en busca de respuestas, las halló en un callejón sin salida, y esta vez no pudo teletransportarse a ningún lugar. Ensangrentado, comprendió que su única habilidad consistía en imaginar este tipo de cosas que a nadie salvaban; no pudo con tanta realidad y perdió los sueños. Su madre empeoraba, y la soledad los amedrentaba cada vez más. Al mediodía, se quedó dormido sobre su realidad en letargo. Recuperó la imaginación; por momentos quiso dominar la técnica del vuelo como último recurso de existencia, pero sus esfuerzos se vieron impedidos por la pérdida de las emociones y la ausencia de panorámicas altas. No pudo imaginar nada más, y despertó en las horas siguientes. Quiso recordar ese último instante sobre el techo, mientras levitaba lentamente y sentía una extraña libertad. Tal vez era necesario afrontar la realidad de una sola vez; así podría olvidarse de estos estúpidos sueños y ser un verdadero héroe de historietas
1 comentario:
buena bugs
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