…¿Será mía esa moneda?, me inquieta saberlo. No se mueve, no se va para ningún lado, se queda quieta. Se mueven todos los pasajeros de la micro, pero la moneda permanece en su sitio atraída por una fuerza magnética. Es una moneda que más da, son sólo cien pesos. Si fueran cincuenta no sería tanto; si fueran diez pesos, daría lo mismo. Pero si fueran quinientos pesos, es moneda brillaría y no se quedaría quieta. Esa moneda se queda en su lugar sin hacer ruido; los pasajeros se mueven y conversan, pero la moneda se queda callada y se queda inmóvil, a pesar del movimiento tumultuoso de la micro. Parece ser de la niña que está un asiento más adelante; se preocupa por algo que no encuentra. Su madre le dice que revise en el suelo, pero es mi moneda no suya. Estoy seguro que es su moneda, ahora empieza a llorar porque no encuentra lo que perdió de sus bolsillos. Cien pesos son una fortuna para una niña tan pequeña. ¿Será su moneda? Una muchacha de azul que está al lado mío parece consolar a la niña, ya que también busca en el suelo algún objeto perdido, no sé si sea esa moneda. No importa, son cien pesos, son mis cien pesos. La niña no se da cuenta de la moneda en el suelo y se levanta, al parecer no era su moneda, pero estoy seguro de que era de alguien más. Al bajarme de la micro tenía la sensación de haber incrementado mis finanzas en el bolsillo con esos cien pesos, pero al revisar y contar el dinero, con esa moneda tenía la misma plata que cuando salí. Lo dije, se me cayeron cien pesos, mis cien pesos…
martes, 15 de enero de 2008
Fragmentos de viajes en micro...
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