miércoles, 28 de marzo de 2007

Origen infante y pertubado


¿De dónde provienen estas ideas?
Tanto sudor esparcido en el suelo polvoriento; tu pecho contra el suelo, la boca exhala un raro placer, mientras la nariz inhala vergüenza.

- ¿Quién te enseñó esta loca idea de subirte sobre su espalda débil y pequeña?-

Es un juego. Con eso lo convences, y te gusta convencerlo; porque idolatras su silencio. Te deja que le digas Cachimba, porque así te decían a la vuelta de la cuadra.
Te acuerdas cuando estabas boca abajo, pero tu pecho contra la acequia sucia, y sobre ti el de la idea loca. Es un juego. Con eso te convence.

- Mi Cachimba-

Pero de ti se burlan, como de una perrita. A él no le dicen nada, porque no lo ven bajo tu cuerpecito de muñeco. Según tú acabas con la primera parte del juego, es hora de irse a casa.

Sin embargo, vas una vez más a la vuelta de la cuadra; te acuestas en la acequia y esperas la explicación de la segunda parte, que no viene, siempre es la primera. Porque tú naciste para vivir boca abajo sobre la tierra, así que aún eres su Cachimbita.

martes, 27 de marzo de 2007

Fotografías

Casi todos los fin de mes llega temprano a la casa de su abuela. Hoy 31 de enero a las 3 de la tarde camina por la plaza casi vacía de gente. Se detiene en la esquina y mira para al frente donde lo espera su abuelo en la otra cuadra. Cruza la calle, con sus jeans negros, una polera blanca con un logo extraño y unos lentes oscuros. Saluda a su querido tata, mientras sus zapatillas se llenan de tierra. La abuelita está sentada en una banca, observando borrosa entre medio de la reja de madera barnizada. La besa en su blanca cabellera, y al oído le dice hola. La frecuencia del audífono es alta, así que ella responde el saludo y estira su mano huesuda con algunos moretones. Le ofrece una taza de té y unas galletas, sólo acepta las galletas. A fin de junio aceptaría con un gusto esa taza, pero estamos en enero, a las 3:20 de la tarde.
Se saca los lentes para entrar por un pasillo oscuro al living de la casa; los mismos sillones, la misma mesa de centro, las mismas fotografías. El tiempo parece haberse congelado en este espacio. En algún punto de la vida todos dejaron de moverse y se quedaron con lo que encontraron al paso. Estas fotos comprueban aquella teoría. En qué momento la risa se detuvo y qué decisión provocó esta ancha línea recta.
Se acomoda frente al televisor apagado y su figura se refleja en él. Su tata le trae el control remoto y el paquete de galletas. Una a una las va comiendo, mientras su abuela en el sillón grande permanece en silencio. Se enciende la tele, comienza la telenovela: su abuela no distingue la trama, ni las actrices ni los comerciales. Se pierde cada vez que sale a comprar a la vuelta. Permanece callada, como esperando una palabra…

martes, 13 de marzo de 2007

En busca de los sueños y la memoria.



El peor error que Chave podría cometer, sería dejar que su memoria se volviera frágil; que el sediento gigante de infancia se arrastre y lo destroce dormido, porque no hay más que soñar. Sería un error permitirlo. La constante batalla contra ese equívoco proceder es un hecho, ya no es el ingenuo miedo que solía sentir encaramado a la pandereta porque no habría más higueras que subir. Ahora es una hipótesis, que madruga para hacerlo sentir dentro de un pez que nada contra la corriente; parecerlo viejo, mecánico, lineal, funcional, inconstante varón rampante. Chave una vez quiso ser príncipe de las palabras, infante morador de las tinieblas; quiso ser alguien que su madre no comprendiera. Soñó. Se volvió de piedra y luego cayó. A lo lejos alcanza un ritmo, pero es complejo: de alzar la voz para escapar, congeniar los dedos con la mano, repetir el movimiento y la postura, olvidar que otros viven sin entusiasmo, provocar un tumulto de ideas y conservar la memoria intacta, a lo lejos alcanzar ese ritmo es complejo. De alcanzar un sueño, el gigante volvería sediento y como aquella serpiente malvada, destruiría el viaje emprendido por el pequeño príncipe. Sería un error quedarse dormido. Por eso Chave piensa en aquella mujer que se olvidó de esta tierra y que tampoco pudo escapar, dormida yace dentro de un gran pez; piensa, pero no lo recuerda. Chave no recuerda la vez que creyó sentir el roce de la trascendencia, la fuerza casi mágica para derrotar al miedo ingenuo de las higueras, la inocencia del juego para convertirse en hombre despierto hasta que llegara la hora. De volverse inútil. El peor error que podría cometer, sería dejar que la memoria se volviera frágil, y aceptar la vida porque no hay más. Chave escucha la canción, mientras escribe en un papel: mis sueños se han perdido, así como no poseo memoria intacta, tampoco puedo escapar.

Ausente



Vuelo pensando en caer

Y caigo queriendo volar;

Ni palabras ni vuelos gavietoriles

Yo diría espasmos.


Salta un hombre al vacío

Y su brutalidad en el pavimento es poesía.

En sueño pensaría que es muerte

Y mi cara en la sangre

Es simple realidad humana.


Fuimos un vuelo y luego caíste

Y caí queriendo volar sin palabras,

Sin espasmos.


Estoy ciego tan serio, como quizás dormido

Y no muerto.

Como la frase absurda: “ausente de”

Tu mente metafórica cae y no regresa.


Salta al vacío mi conciencia y

Se hace trizas en el suelo.

Vuelve la mirada a contemplar

Lo que queda, yo diría espasmos.


Fuimos un vuelo y luego caíste

Y caí queriendo volar sin palabras,

Sin espasmos.

¿Quién sabe algo de Mr Tambourine man?



Hey mister tambourine man play a song for me
I'm not sleepy and there ain't no place I'm going to
Hey mister tambourine man play a song for me
In the jingle jangle morning I'll come following you.

Bob Dylan

Tarde de discos, y lo impredecible adquiere un carácter mítico, ficticio, casi religioso. Recurrir al viejo ritual de esas tardes enteras, para recuperar las ideas; reinstaurar ese procedimiento mítico del oído con la música, de la palabra con el tiempo, para recordar que lo predecible va perdiendo su expresión ante el carácter casi religioso de la idea. La música y aquél ritual de viejas tardes libres, tras la búsqueda de una existencia impredecible que prima su razón de escucha en las cintas; en el canto de un hombre que yace en algún lugar de la memoria. Las huellas sonoras evocan la instancia del oído con los discos, con la mágica presencia de: Mr Tambourine man. Preguntar por su esencia, es volver al punto de partida donde lo impredecible adquiere ese carácter mítico que el tiempo va dejando en duda, cada vez que el sonido del tambor se vuelve forzoso, y tantas veces se desgasta. ¿Quién sabe algo del señor tambolirero de Dylan?. A cada paso se oye el ritmo de una canción, que acelera o disminuye según más cerca está el corazón de la idea: ser impredecible. La razón de todo esto se queda en las cintas y en la memoria. Mr Tambourine man, la metáfora que sondea y se expande como argumento de creación posterior, prolifera, a la cual se le atribuye la sensación de estar seguro que nadie puede predecir lo impredecible; Mr Tambourine man, la figura de un hombre que viaja por el tiempo sonoro desde el ritual al momento en que desaparece y se convierte en sentido; sentido común o propio que con la vida se desvanece, y ya la pregunta no es para rescatarlo del olvido, sino para tener la certeza de haberlo sentido. La vieja tarde libre de discos se queda en la memoria, mientras el señor tamborilero de Dylan recorre un sólo camino infinito, despertando la emoción de un corazón que vibra con el sonido del tambor retumbante y armónico; la idea comienza su peripecia por el tiempo y la razón de todo esto se queda en las cintas.

lunes, 12 de marzo de 2007

MCcartney/Lennon



“¿Por qué no lo hacemos en el camino?”- Fue lo penúltimo que escuché antes de sentir la pared en mi espalda; lo último fue su risa maliciosa, como queriendo echar abajo mis constantes observaciones acerca de Lennon y sus letras: -“Te deseo tanto”- fue mi respuesta.

Jamás comprendí, ni percibí ni vi venir este repentino suceso: MCcartney/Lennon. Ni siquiera supe en qué momento me cautivaron sus ideas. Más tarde querría que la llamase Penny, tan sólo me deje llevar...

No es de extrañar que un día sábado en la noche no quiera salir, por no revisar algunas canciones en casa. Pero siempre he sido inconstante en eso, así que salgo. A ningún lugar claro está, sólo quieroque el mundo viva sobre mi dirección.

Decido llamar.

“Todo lo que quería era llamarte, y que tú vinieras corriendo hacia mi. Sí, eso quería hacer”.

Tan sólo me dices que “- tienes una extraña sensación, que ya no me puedes ocultar-”.

Y me pides que te espere exactamente en este lugar.

Debí quedarme en casa.

“Sí me siento solo, quiero morirme” por ti, por tu sensación, por las canciones, por todo. Hoy no es un día para sorpresas: “tómatelo con calma”

Ella puede aparecer en cualquier momento, y qué diría si me viera tan nervioso. De seguro pensar en MCcartney y expresar. Eso haría. Lo ha hecho desde que nos conocimos. Hace tres días por cierto. Me dijo que se llamaba Penny y yo me puse a reír.

Aún no llega. “Estoy tan cansado” de esperar, pero más bien de no saber qué esperar. Ni siquiera se cómo realmente se llama. Pregunté por una tal Penny, pero no es su nombre, nadie se llama así.

Penny me hablaba de Kansas como si fuera su ciudad natal. No sé si me oyó decir: “El rock and roll es mi vida”. Por momentos pensé que su gusto era una obsesión. Una manía atemporal, que rayaba en la locura. Pero cuando me vi citando a Im The Walrus, pensé que su obsesión no se comparaba con la mía.

9 minutos de retraso. Este ha sido un día muy largo. Sin respuesta. Han pasado ya tres días.

“Tienes que ocultar tu amor” pensé.

“Si ella se ha ido, no puedo seguir sintiéndome tan miserable”

Pero quizás llegará pronto.

De no haberme cantado al oído I will, aún seguiría vivo. Todo fue debido a sus ideas. Tan sólo mi amor y sus ideas, pueden generar este nerviosismo, que llega hasta los extremos del tabaco.

“¿Por qué soy tan tímido cuándo estoy a tu lado?”

Llegas. Al fin

Ninguna de las canciones de MCcartney podrán ocultar lo nerviosa que te ves, así que camina, porque ninguna de Lennon me permitirán saber qué es lo que tramas, así que camino.

Pienso: “Nada cambiará mi mundo” excepto tú.

Qué hará; de seguro pensar en MCcartney y expresar: “Seguimos por este largo y sinuoso camino, y tengo una sensación que quisiera expresarte.

Pienso: “Es sólo amor y nada más”.

Quiero escribirlo todo


Quiero escribirlo todo. Ya que esto empieza a desmigajarse en pequeñas responsabilidades esenciales en la vida de un hombre; asumir un puesto en la cadena no es más que una simple miga de todo el pan que es la vida. Por eso quiero escribir. Por aquí algunos ya comenzaron a hablar, se les acerca su hora. No les queda más que callar o hablar. Quiero escribirlo todo. Estas ideas tiene un origen infante y perturbado, esta sensación de algo grandioso, el poder de ver cosas que otros no ven; el poder del lenguaje. El telón cae y los señores del público quieren sonreír, pero tienen pánico; están pasmados en sus butacas eternas. No creo que nadie aplauda, tratarán de volver a sepultar lo que hemos escrito, lo que hemos hablado. Tenemos fe de que aquello será grandioso. Los actores se preparan para dar el gran paso a la fama a raíz de nuestra desgracia: ESTO ES UNA TRAGEDIA!!, somos víctimas. No hemos conciliado el sueño, esto es un trauma. Abusaron de nosotros, de nuestros deseos, de nuestros sueños. Yo me vi en el pasto, tras la ventana, extasiado de tanto verbo inhumano y sudoroso, lo vi y lo sigo viendo: SOMOS VIDENTES DE NUESTRO FLAGELO. Y quién más está conmigo. No tengan miedo, fuimos buenos inocentes que se encontraron con el Demonio transeúnte; nos tomó y nos hizo lo que somos: VIDENTES. Uds corazones compasivos; piratas y manteles de colores. Quiero escribirlo todo, porque sudo de terror lo oscuro que no hay de vida, escribir me libera; No quiero ser padre, ni abuelo. No quiero ser marido. Me da miedo no poder amar eternamente y que nunca nadie más lo quiera. He hallado fotografías en mi mente de pesadillas infantiles; la imagen de una sombra los lleva a su cuarto y los pone boca abajo. Se divierte el pequeño demonio, está jugando. Yo observo. La sombra posee ojos de color blancos, y sonríe. Tarde o temprano hablarán de esto. Intimidadas las madres fascistas en sus dormitorios, otorgándole el dominio a sus hombres perversos. Así lo veo yo. Ninguna de nuestras madres hizo nada. Callaron, como todas las madres, esposas, hermanas, hijas del tirano. Esta discusión es absurda.