
Hey mister tambourine man play a song for me
I'm not sleepy and there ain't no place I'm going to
Hey mister tambourine man play a song for me
In the jingle jangle morning I'll come following you.
Bob Dylan
Tarde de discos, y lo impredecible adquiere un carácter mítico, ficticio, casi religioso. Recurrir al viejo ritual de esas tardes enteras, para recuperar las ideas; reinstaurar ese procedimiento mítico del oído con la música, de la palabra con el tiempo, para recordar que lo predecible va perdiendo su expresión ante el carácter casi religioso de la idea. La música y aquél ritual de viejas tardes libres, tras la búsqueda de una existencia impredecible que prima su razón de escucha en las cintas; en el canto de un hombre que yace en algún lugar de la memoria. Las huellas sonoras evocan la instancia del oído con los discos, con la mágica presencia de: Mr Tambourine man. Preguntar por su esencia, es volver al punto de partida donde lo impredecible adquiere ese carácter mítico que el tiempo va dejando en duda, cada vez que el sonido del tambor se vuelve forzoso, y tantas veces se desgasta. ¿Quién sabe algo del señor tambolirero de Dylan?. A cada paso se oye el ritmo de una canción, que acelera o disminuye según más cerca está el corazón de la idea: ser impredecible. La razón de todo esto se queda en las cintas y en la memoria. Mr Tambourine man, la metáfora que sondea y se expande como argumento de creación posterior, prolifera, a la cual se le atribuye la sensación de estar seguro que nadie puede predecir lo impredecible; Mr Tambourine man, la figura de un hombre que viaja por el tiempo sonoro desde el ritual al momento en que desaparece y se convierte en sentido; sentido común o propio que con la vida se desvanece, y ya la pregunta no es para rescatarlo del olvido, sino para tener la certeza de haberlo sentido. La vieja tarde libre de discos se queda en la memoria, mientras el señor tamborilero de Dylan recorre un sólo camino infinito, despertando la emoción de un corazón que vibra con el sonido del tambor retumbante y armónico; la idea comienza su peripecia por el tiempo y la razón de todo esto se queda en las cintas.
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