Cuatro misteriosos hombres recorren en un auto gris las calles de un barrio aledaño a la prisión. Como depredadores esperan sigilosamente a su víctima en una esquina, a dos cuadras de su guarida. El prisionero toma su chaquetón negro y sale por la puerta de atrás de su casa. Es de noche y parece no sospechar nada. Al salir de la casa, los cuatro misteriosos hombres lo divisan y comienzan a seguirlo. El prisionero se percata de esta situación y se echa a correr por las calles del barrio.
El auto acelera, unos metros más adelante consiguen alcanzar al individuo. Dos hombres con extraños sombreros se bajan del auto para capturar a su presa, que hábilmente parece escabullirse. El prisionero se mete por unos callejones, dobla hacia la derecha para buscar un escondite, pero tropieza con la solera y cae al suelo. Los dos misteriosos hombres lo capturan tirado en el suelo quejándose de un dolor en la rodilla. Lo agarran por los brazos y lo llevan al auto donde los esperan los otros dos hombres en los asientos delanteros. Hacen una seña para advertir que no hay testigos a estas horas, así que lo suben a la parte de atrás del auto.
Los cuatro misteriosos hombres se dirigen entre risas a la prisión para interrogar al individuo, y dar con la solución a su problema. Tras varios minutos de viaje, la solitaria carretera genera un incómodo silencio en los pasajeros. El co-piloto intenta poner la radio, pero el conductor se lo prohíbe con un leve golpe en las manos, ya que esa maniobra podría delatar sus identidades. Los cuatro misteriosos hombres llevan sobre sus cabezas unos extraños sombreros negros y unos enormes abrigos grises. El chofer que lleva lentes de sol, concentradamente mira la carretera para no provocar un accidente. Minutos más tarde, llegan hasta una señalización de color verde que indica una camino de tierra a mano izquierda.
Doblan según la indicación por un camino oscuro, lleno de tierra y piedrecillas. Al final de este camino se ven unas enormes luces. Hasta aquí el prisionero ha permanecido en silencio, sin tratar de entender nada. Llegan al lugar donde se encuentran esos enormes focos y bajo ellos se haya una entrada. El auto se detiene frente a ella, y los hombres discuten acerca de quién irá a abrirla. El co-piloto decide bajar del auto para golpear el inmenso portón verde, mientras el chofer apaga las luces del auto. Golpea secamente dos veces y se oye una voz ronca que pide la identificación del sujeto. El co-piloto da su identificación, entonces el guardia abre una ventanilla del portón y le dice que espere unos minutos. Mientras regresa al auto, el portón se abre para que éstos puedan ingresar al recinto.
Los cuatro misteriosos hombres llevan al prisionero por una vía lateral a la prisión. Metros más allá estacionan el auto frente a dos edificios en plena construcción. El co-piloto una vez más se baja del auto y se dirige hacia donde está el guardia para que todo esté en orden, mientras los dos captores, llevan al prisionero hasta los dos edificios en construcción. El chofer decide quedarse en el auto para cerciorarse de que no haya ningún testigo en los alrededores. Los dos captores caminan hacia el interior de las construcciones para interrogar al prisionero, que parece comprender el motivo de su captura. Si tan sólo pudiera realizar una llamada, este malentendido se resolvería.
El interrogatorio comienza. Los cuatro hombres dispersos se debilitan, parece una huída fácil, pero prefiere esperar el resultado de los siguientes sucesos. Tras varios minutos de interrogación, los dos captores se impacientan, mientras el co-piloto logra comprar al guardia por unas horas más. El chofer reclinado en su asiento no parece percatarse de que alguien se acerca al auto. Todo se vuelve difuso y descontrolado. El nerviosismo crece, Los hombres ansían iniciar una tortura para obtener la información, ya que sus cabezas están en juego desde hace semanas. Un anciano descalzo se encuentra junto al vehículo preguntándose por la procedencia de éste. En ese momento el prisionero grita de dolor y miedo; el chofer se incorpora y se percata de la figura que está a su lado. El anciano sale corriendo en busca de ayuda, pero es capturado por el co-piloto.
Se dirigen hacia la sala de tortura. Los dos captores decepcionados los reciben, sin obtener ninguna respuesta. Los cuatro misteriosos hombres sudan de temor e impaciencia. Piensan en una solución inmediata antes de que se acaben sus horas. El chofer se quita los lentes, y con sus ojos turnios mira al prisionero. La hora de la verdad ha llegado, el prisionero al fin sabrá con quiénes está lidiando…
El auto acelera, unos metros más adelante consiguen alcanzar al individuo. Dos hombres con extraños sombreros se bajan del auto para capturar a su presa, que hábilmente parece escabullirse. El prisionero se mete por unos callejones, dobla hacia la derecha para buscar un escondite, pero tropieza con la solera y cae al suelo. Los dos misteriosos hombres lo capturan tirado en el suelo quejándose de un dolor en la rodilla. Lo agarran por los brazos y lo llevan al auto donde los esperan los otros dos hombres en los asientos delanteros. Hacen una seña para advertir que no hay testigos a estas horas, así que lo suben a la parte de atrás del auto.
Los cuatro misteriosos hombres se dirigen entre risas a la prisión para interrogar al individuo, y dar con la solución a su problema. Tras varios minutos de viaje, la solitaria carretera genera un incómodo silencio en los pasajeros. El co-piloto intenta poner la radio, pero el conductor se lo prohíbe con un leve golpe en las manos, ya que esa maniobra podría delatar sus identidades. Los cuatro misteriosos hombres llevan sobre sus cabezas unos extraños sombreros negros y unos enormes abrigos grises. El chofer que lleva lentes de sol, concentradamente mira la carretera para no provocar un accidente. Minutos más tarde, llegan hasta una señalización de color verde que indica una camino de tierra a mano izquierda.
Doblan según la indicación por un camino oscuro, lleno de tierra y piedrecillas. Al final de este camino se ven unas enormes luces. Hasta aquí el prisionero ha permanecido en silencio, sin tratar de entender nada. Llegan al lugar donde se encuentran esos enormes focos y bajo ellos se haya una entrada. El auto se detiene frente a ella, y los hombres discuten acerca de quién irá a abrirla. El co-piloto decide bajar del auto para golpear el inmenso portón verde, mientras el chofer apaga las luces del auto. Golpea secamente dos veces y se oye una voz ronca que pide la identificación del sujeto. El co-piloto da su identificación, entonces el guardia abre una ventanilla del portón y le dice que espere unos minutos. Mientras regresa al auto, el portón se abre para que éstos puedan ingresar al recinto.
Los cuatro misteriosos hombres llevan al prisionero por una vía lateral a la prisión. Metros más allá estacionan el auto frente a dos edificios en plena construcción. El co-piloto una vez más se baja del auto y se dirige hacia donde está el guardia para que todo esté en orden, mientras los dos captores, llevan al prisionero hasta los dos edificios en construcción. El chofer decide quedarse en el auto para cerciorarse de que no haya ningún testigo en los alrededores. Los dos captores caminan hacia el interior de las construcciones para interrogar al prisionero, que parece comprender el motivo de su captura. Si tan sólo pudiera realizar una llamada, este malentendido se resolvería.
El interrogatorio comienza. Los cuatro hombres dispersos se debilitan, parece una huída fácil, pero prefiere esperar el resultado de los siguientes sucesos. Tras varios minutos de interrogación, los dos captores se impacientan, mientras el co-piloto logra comprar al guardia por unas horas más. El chofer reclinado en su asiento no parece percatarse de que alguien se acerca al auto. Todo se vuelve difuso y descontrolado. El nerviosismo crece, Los hombres ansían iniciar una tortura para obtener la información, ya que sus cabezas están en juego desde hace semanas. Un anciano descalzo se encuentra junto al vehículo preguntándose por la procedencia de éste. En ese momento el prisionero grita de dolor y miedo; el chofer se incorpora y se percata de la figura que está a su lado. El anciano sale corriendo en busca de ayuda, pero es capturado por el co-piloto.
Se dirigen hacia la sala de tortura. Los dos captores decepcionados los reciben, sin obtener ninguna respuesta. Los cuatro misteriosos hombres sudan de temor e impaciencia. Piensan en una solución inmediata antes de que se acaben sus horas. El chofer se quita los lentes, y con sus ojos turnios mira al prisionero. La hora de la verdad ha llegado, el prisionero al fin sabrá con quiénes está lidiando…
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