Dudó en atravesar el oscuro camino que une la reja de madera y la casa iluminada con una sola ampolleta de 75 watts. La urgencia de la visita le provocaba pasar por alto esa duda para llegar hasta donde su viejo camarada. Un extraño miedo se apoderaba de él al recordar que aquél camino era vigilado por el famoso perro Trueno, que debe su fama a las innumerables víctimas que han caído en sus colmillos. Por eso duda, porque Trueno podría estar escondido en cualquier rincón de la propiedad esperando atacar nuevamente. Con mucho sudor camina en dirección a la casa.
Su enorme figura podría salvarlo de una feroz mordida, pero su paso lento no le permitiría llegar con vida a su destino. Intenta descubrir los ojos brillantes del canino y así ganar su confianza con algún gesto amigable, pero sólo hay oscuridad. Metros más allá grita para que su camarada salga a su encuentro. El nerviosismo crece al no ver respuesta. Así que vuelva a gritar. El viejo camarada abre la puerta de su casa y sale a buscar a su amigo, que con el rostro más tranquila se acerca lentamente. Entonces sus nervios vuelven a paralizarse cuando el camarada grita ¡Trueno! ¡Retírate!, impávido se da cuenta que el famoso perro venía sigilosamente siguiendo sus pasos sin provocar ruido alguno. Los ojos brillantes se pierden en la oscuridad tras el grito de su amo, mientras los hombres se saludan nerviosamente…
Con el miedo acuestas intenta abrir la puerta. Con una vieja técnica fuerza la cerradura, mientras el ruido del formón y el martillo no parecen despertar a las dos perras adormecidas con diazepán. Una vez adentro de la casa con una pequeña linterna comienza a buscar lo que salvaría su vida de la miseria. Si tan sólo supiera con certeza dónde se encuentran esos registros, su suerte cambiaria. El nerviosismo crece, tanto así que choca con un enorme sofá cayendo secamente al suelo. Por unos momentos pensó en ir al médico, este desequilibrio motriz lo estaba hartando, por poco y todo se viene abajo. El dueño de esta casa no tardará en llegar así que manos a la obra. Al ingresar en una de las habitaciones, registró los cajones de todos los muebles que encontró sin hallar los malditos documentos. La desesperación crece y el tiempo se acaba. Busca a oscuras en los lugares menos pensados, hasta que por fin dan con los documentos en una caja bajo la cama. Duda si realmente sean los documentos que busca, ya que pensaba demorarse horas antes de encontrarlos en una simple caja. Con la linterna hojea las principales planas y se cerciora de que se tratan de los famosos documentos verdes, que implicarían a los más grandes nombres de la ciudad en el problema. Una vez que los obtiene consigue salir por la puerta para iniciar el retorno a su guarida. Con el rostro fruncido para expresar seriedad, se echa a correr por las calles del barrio vecino…
Desde la ventana observa a Truena que está recostado cerca de la casa. Su amigo lo tranquiliza diciéndole que el animal ya lo ha reconocido, que no lo morderá sino lo incita. Los viejos camaradas charlaron por varios minutos acerca de la manera para ocultar su participación en el problema. Mientras conversa, disfruta de una barra de chocolate que su viejo camarada le obsequió, entonces recuerda que su sobrino vendría hoy de visita, así que inmediatamente intenta levantarse para coger el teléfono y pedir un taxi. No alcanza a realzar este movimiento cuando el teléfono comienza a sonar y rápidamente es contestado por el viejo camarada. Con el rostro complejo le extiende la llamada al tío que con preocupación se levanta y contesta, mientras trata de buscar la forma de comunicarse con su sobrino.
Sabía que su tío no estaría en casa, siempre tenía algo que hacer, así que decidió esperarlo afuera. Prendió un cigarrillo de marca extraña que había comprado a mitad de precio. Una vez que acabó de fumarse el cigarrillo intentó saltar la reja de la casa. Le parecía extraño que las dos perras de su tío no salieran al encuentro, éstas ladraban con cualquier ruido. No alcanzó a llegar a la puerta cuando un auto se detuvo frente a la casa. Le provocó cierto nerviosismo este suceso, así que se ocultó tras unos arbustos que había en el jardín. Eran cuatro hombres con sombreros extraños e inmensos abrigos grises, que misteriosamente observaban la casa. Uno de ellos se bajó del auto. Llevaba puestos unos lentes de sol y tenía un bizarro bigote. Era el chofer del auto. Se acercó a la reja para verificar si se encontraba abierta, entonces parecía dispuesto a saltarla. Los otros tres hombres miraban inquietos desde el auto, mientras encendían la radio. Aunque pareciera extraño, los tres hombres deleitaban con la musiquilla que emitía a esa hora la radio. El chofer se devolvió al auto y emprendieron la marcha.
Corrió velozmente hasta su casa evitando presentar exaltación alguna. Al entrar a su guarida con cautela, encendió la luz y sacó los documentos verdes que había extraído hace pocos minutos. Comenzó a leerlos pese a que estaban escritos en un lenguaje extraño, casi matemático. En ellos apreciaba nombres implicados con el mayo de los detalles. Junto a los nombres se apuntaban cifras, firmas borrosas, timbres y más cifras. Entusiasmado con estos documentos de veinte hojas pensó en una decisión coherente. Denunciar a los implicados o bien sobornarlos para obtener algún beneficio al respecto. Ante estas opciones el estremecimiento crecía en su estomago, ya que las posibilidades de denuncia o soborno eran mínimas, más bien se inclinaba por la muerte o la tortura. Todo esto porque lamentablemente desconocía con quiénes estaba lidiando, a pesar de que sabía con certeza de que se trataba de un asunto grande…
Una voz temblorosa pregunta por el tío. El viejo camarada supone la identidad del sujeto y teme lo peor, así que le entrega el teléfono a su amigo con esa expresión en la cara. Mientras el tío responde al llamado, su camarada sale de la casa para jugar con su perro Trueno, que lo recibe moviendo la cola y con una mirada de servidumbre. El tío con voz ronca pregunta por la identidad del sujeto. Es su sobrino que suponía encontrarlo donde su viejo amigo. El tío reconoce cierto nerviosismo en su sobrino, así que le pregunta el motivo de la llamada. Le cuenta todo lo sucedido y de donde está llamando. Piensa en actuar rápido, son muchas cosas en tan poco tiempo. Al colgar el teléfono, mira por la ventana a Trueno y su viejo camarada. Si tan sólo pudiera explicarle a su sobrino lo que sucede, las cosas no serían del todo complicadas o al menos tendría a alguien en quien confiarle su secreto.
El tío da cuenta del problema a su camarada quien lo abraza dándole su apoyo. El perro con desconfianza observa al visitante que se aleja, como si presintiera el resultado de los siguientes acontecimientos. El viejo camarada piensa que tal vez lo mejor sea ocultar a Trueno mientras no se aclare el problema. Los cuatro misteriosos hombres se dirigen a la casa del viejo dueño del perro para salvar sus pellejos. El sobrino espera sentado en el sofá, la venida de su tío. Tranquilamente saca una barra de chocolate y se la come lentamente. Hasta aquí los detalles no importan, tan sólo el resultado de los siguientes acontecimientos.
lunes, 8 de octubre de 2007
La Prisión (Capítulo III - El misterio del perro Trueno)
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