miércoles, 4 de abril de 2007

Queridos hijos

Permanece callada, como esperando una palabra...

¿Se acordará de que alguna vez hubo una multitud en la casa? Y ahora, quién. Estos hijos creyeron moverse libremente, pero sus existencias se pegan como chicles a las paredes y luego se endurecen, pierden color y sabor.
Nadie se mueve en este espacio sin que el abuelo no lo sepa. Cuatro hijos, o quizás cinco, ya no lo recuerda, o no lo quiere ver de ese modo. Tal vez una hija, la preferida, que no cuenta en esta teoría. Entonces, una posible hija, que sí lo es y es la única, que no es la otra, la preferida. Dos hombres inservibles, y una mujer que es un cero a la izquierda. Bajo esa misma expresión está su hija: un cero a la izquierda.
Cuatro hijos, y cinco en estas fotografías; más nietas y nietos, en total la nada misma. Ninguno se mueve de su lugar.

¿En qué va la telenovela?
¿Y las galletas?

Tan sólo se levanta y sale al patio. Bajo el parrón se sienta, contempla, atraviesa las paredes de los cuartuchos de los hijos, de sus tíos, esos cinco o cuatro, que ahora son tres: los presenta a su público imaginario, que son las uvas, el agua de la pileta, que es él mismo y lo sabe.
Quiere demostrar que se mueve adonde desee si así lo prefiere. Por eso es el animador de este espectáculo.
Lo ve claramente: Un hombre que busca su refugio en los boliches malolientes desde los 23 años; un hombre aficionado a las bicicletas y a los parques, es lo único en que piensa; una mujer sin nada que hacer por la vida, sólo alimentarse de cahuines y no de sana comida, su hija lo mismo.

Su madre: Una posible hija, que sí lo es y es la única, que no es la otra, la preferida.

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