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Antes de pervertir a su acompañante, recordó el ritual de iniciación que tanto gustaba contarle, como si ese antecedente marcara una diferencia entre ambos. Lo recordó nítidamente como una imagen recién grabada en la memoria. Quizás estuvo condenada desde ese momento a la perversión y soledad, ya no encontraría alguien que la librara de la vergüenza con algún tímido secreto que ella siempre descubriría. Lo supo en cuanto su acompañante tiritó de frío y sus ojos se perdieron tras la ventana…
Se termina el carnaval, y ya los hombres vuelven a sus roles habituales. Recogen experiencias y recuerdos para el año entrante, ahora sólo quedan sobras de lo que fue la gran fiesta. Pero los hombres solitarios se quedan y persiguen esas últimas sobras para sentirse libres con pequeñas escenas de juerga. Esos mismos hombres solitarios se quedan dormitando en alguna esquina, pero esperan ansiosos a que la verdadera cena comience. Borrachos por el vino, se pierden en la nubosidad del carnaval, dirigiéndose deliberadamente hasta una pobre morada.
La humilde casa recibe a los insanos y a los grupos pervertidos, que abren sus grandes bocas para tragar el aire de la desesperación que pulula en la calle. Una escuálida señora espera en la puerta la llegada de los hombres solitarios, borrachos e insanos que bien conocen el camino hasta la casa. Cinco hombres ingresan a la casa, dos de ellos dispuestos a devorarse todo lo que se ponga por delante; los otros tres aguardan la presencia de una luz prohibida, que hoy hará su debut al abrir sus piernas. Los señores se dirigen a la sala de espera, mientras el carnaval aún no termina completamente.
La escuálida señora se sienta frente a ellos con una sutil dulzura en sus labios. Observa detenidamente a los señores y elige a su victimas. De otro lugar de la casa llega una obesa mujer, sola y con una copa en la mano se sienta al lado de la señora y elige a su victima. El resto de los hombres solitarios esperan desesperados la presencia de las dos hijas. Las conocen bien, las han observado yendo al colegio y han sufrido por sus cuerpos. Si no son sus ojos, son sus labios y sus piernas. La menor de ellas ha salido, así que esperarán a la mayor de las hijas.
La fiesta privada continúa. Hombres y mujeres con sus risas estrepitosas retumban los vidrios y los empañan. Las víctimas buscan la ocasión de ser victimarios, pero ellos no son dueños de su suerte. Los tres hombres que no han sido escogidos se desesperan, su placer es incierto no como el de sus camaradas. Uno decide actuar con cautela y se dirige hacia las otras piezas de la casa. Busca a la hija mayor de la señora. La encuentra lavándose las manos en el baño. Su corazón palpita velozmente y su entrepierna tirita de frío. Intenta acorralarla en un impulso contra la pared. Forcejean durante algunos segundos, rasguñan la cortina de la tina y ella no cede. Quiere controlar el rumbo de su iniciación.
El hombre solitario obedece y se retira. Ella conoce la desesperación de los hombres, huele su miedo y también presiente sus intenciones. El hombre vuelve frustrado y se sienta. Avergonzado intenta encontrar una solución al problema. No la hay. Los dos hombres restantes comprenden la frustración y planean otra estrategia para llenar el vacío en sus estómagos. Ambos deciden confrontarla juntos, sería más fácil, uno la sujeta y el otro comete el acto de abrirle las piernas. Cuando se levantan, la escuálida señora los detiene. Aún no es tiempo, no se impacienten, ella vendrá en un momento.
Minutos más tarde la hija mayor aparece. Reconoce a sus solitarias víctimas esperándola en la sala. Entonces se dirige a ellos, los observa y luego se sienta. Su mirada parece distraída, pero más bien eso los perturba. No suele mirar a nadie tan detenidamente si se trata de sexo, más aún si se inicia en la perversión. Necesita estar un poco borracha para no sentir culpa y soledad. Bebe de la copa de cualquiera hasta que sus sentidos se encuentran a cierto nivel de percepción. Aparentar ser una mujer fácil y ebria, pero controlar totalmente la situación y a sus víctimas.
No hay erotismo en estos instantes. Esperar a que nadie quede en la sala, luego seguir con el juego y la risa. Los tres hombres solitarios con cierto nerviosismo intentan desabrocharse los pantalones. Ella los observa sin el mínimo entusiasmo, pero excitada. La iniciación comienza. El ritual queda a un lado, ya que todos carecen de erotismo, por eso no existe baile alguno ni lenguaje oculto. Tan sólo cuerpos desesperados en busca de coito. Ella se levanta en busca de más vino. Los tres hombres esperan sentados la aparición de aquella niña que saciará su placer insano.
La hija aparece, observa a sus víctimas y apaga la luz. Tan sólo un milagro y una gran mentira podrían hacerla sentir como una mujer y no como una puta. Aquella iniciación recordó, mientras pervertía a su acompañante. Ese antecedente marcó una diferencia entre ambos. Sus piernas están condenadas a abrirse cada vez que sienta miedo y soledad, porque la perversión la sigue a donde quiera que vaya.
1 comentario:
me gusta harto pero quede con gusto a poco. cuando se lanza con una novela primo???
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